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La mar es la vida, es la alegría para los sensibles a la belleza. Quizás otras cosas sean más importantes, como el arte, la poesía, la filosofía... Pero, antes de todo eso, ya existía el mar.
En los últimos sueños he visto tantos desiertos, y me he visto por ellos tan solo caminando, que cada día que amanece y me despierto crece el temor que recorre mi cuerpo y siento más dolor en lo que estoy contando.
En los últimos sueños he visto tanta arena, he visto tanta pena y tanta maldad... He visto tan... poquita luz, porque se ahogaba y consumía en una condena que suya no es. Y tantos amigos que ya no siguen a mi lado... y tantos ideales destrozados.
Y he visto a tantos sonriendo y escondiendo un puñal, y he visto a otros que de dignidad no tenían una gota. Y tantas palabras ultrajadas, y tantas promesas rotas...
Y si os contara a cuántos recuerdo pasando por alto las cosas más hermosas, y a cuánto loco que se ha perdido en su querer... Y a cuántas mujeres mancillando el nombre de mujer...
Y he sentido tanta inquietud al saber de mi cruz flagelando mis rodillas, ay... que cuando la debía cargar me abracé fuerte al mar para descansar en su orilla.
Y he deseado tanto dejar este mundo por el azul profundo... que cuando tenga que irme dudo que llegue a despedirme.
Quizás la agonía de esa cruz nunca acabe, y quizás sea culpa mía. Quizás otra cosa no merezca más que el continuo azote de la mar bravía. Pero quiero que sepáis algo más. Quiero que sepáis, que para compañía, como mi barquita ninguna. Y que aún la añoro en los claros de Luna.
Y no dejo de preguntarme qué pasó. Puede que la respuesta esté en el día, puede que en la noche. Puede que esté más allá del tiempo. Lo cierto es que en las marejadas de sentimientos poco se razona, y que el mundo es tan grande como lo imagines. A veces el mundo es sólo otra persona.

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