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A la caza del barco fantasma


Terror y Suspense

05-06-2008 15:42
Por: Akhul

“No hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige.” Seneca


holandés errante, terror, relato
Una fuerte ráfaga de viento le sacudió al abrirse la puerta. Afuera aullaban mil demonios y el mar encrespado parecía haber jurado sepultarles en el abismo. Sus escupitajos de amargo salitre se hacían eco de las palabras de aquel marinero lisiado: hay cacerías que no se deben emprender.

“Tras los pasos del Holandés Errante”, rió entre dientes lanzándose a la cubierta. La noche, negra como un sudario, revelaba caprichosa algunos retazos de la luna tan de improviso que se confundían con los relámpagos. La lluvia se entrelazaba con las salpicaduras del mar encabritado y, aun sin darse cuenta, con sus propias lágrimas. Ciego como un reo de muerte al que han vendado los ojos, se tambaleó por la cubierta aferrándose al pasamanos. El barco se alzaba y zambullía como una noria infernal, y apenas se adivinaban las formas bajo aquel manto de sombras, pero nada detenía su determinación.

Abrió la puerta de la cabina y vislumbró la silueta del piloto aferrada al timón. Dio un paso vacilante hacia él gritándole:

-¡Eh! ¡Ah del barco!

Pero el marinero no se dio por enterado. Seguía con la mirada puesta en las insondables brumas que hendía la quilla.

-¡Piloto! ¿¡Qué rumbo llevamos!?

Entonces, un nuevo relámpago resquebrajó el telón de nubes revelando el macabro porqué de su silencio: del desgraciado timonel no quedaba más que un esqueleto cubierto por un raido guardapolvo. Sus manos descarnadas aferraban con absurda determinación la rueda, guiando con pulso férreo la nave más allá de la muerte.

Conteniendo un grito, apartó la mirada del cadáver y se dejó arrastrar hasta el exterior buscando una bocanada de aire fresco. “Por todos los demonios”, masculló agarrándose a un cabo para no caer por la borda. Acto seguido, echó mano de uno de sus bolsillos y aferró la pistola. Fuera lo que fuera lo que había ocurrido... Un nuevo golpe de mar le hizo caer cuan largo era, y el arma se deslizó suavemente hasta uno de los desagües. En mitad del caos, ni siquiera alcanzó a oir su zambullida.

Se puso de pie entre juramentos y, sin molestarse en mirar a su alrededor -¿qué hubiera podido ver en mitad de ese pandemonio?- entró de nuevo en la cabina. Echó un aprensivo vistazo al esqueleto, que, testarudo, se mantenía al mando de la nave, y fue hasta el armario que había bajo el timón. De él extrajo un hacha, y no pudo evitar esbozar una mueca de fiera satisfacción al sentir su tranquilizador peso entre las manos.

Avanzó a grandes trancos hacia la bodega. No había ni rastro de la tripulación ni en los camarotes ni en la cubierta; allí era, por lo tanto, dónde debían haber buscado refugio. Y ahí, asimismo, encontraría respuestas a sus preguntas.

Los bandazos que daba la embarcación amenazaron con entregarle al furioso mar, pero no consiguieron su propósito. Al final, empapado por la tempestad, emprendió el descenso de la escalerilla y se internó en las tripas del navío. Un calma extraña, como un duermevela precario mecido por la tormenta, reinaba en la bodega. El silencio se asomba tímido a aquel rincón, e incluso era posible escuchar el chirrido rítmico de un fanal en el centro de la estancia. Un siniestro goteo le acompañaba, y el retumbar de los truenos en sordina. Pero nada más.

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Dio unos pasos más hacia el interior del casco y sus pies chapotearon en el agua de la sentina. Aferró el hacha con más fuerza todavía, adivinando los tentáculos del peligro. Quiso llamar a los otros marineros, pero la voz se le ahogó en la garganta. Dio unos pasos más, y, al final, llegó hasta el fanal. Soltó la mano izquierda del hacha para aferrarlo, y lo detuvo en su balanceo. Aquietado su chirrido, el silencio se creció un poco más en la oscuridad.

Lentamente, dejó el hacha, el mango apoyado contra su propia cadera, el filo sumergido en las aguas, y buscó con su mano derecha un fósforo. Con un movimiento experto, lo prendió y lo dirigió cautelosamente hacia el fanal intentando no distraerse con el persistente goteo, ni con el rumor de la tormenta. La vela se encendió tras los cristales, y una luz incierta inundó la bodega, y al resto del equipaje.

Con los ojos desorbitados contempló los esqueletos apilados por doquier, las dislocadas posturas, las calaveras sonrientes que vomitaban algas, las ropas raídas, las ratas de ojos rojos coronando silenciosas los cuerpos muertos.

Intentó tomar el hacha, pero en su precipitación la hizo caer y el mango se perdió bajo las oscuras aguas de la sentina. Se agachó para recuperarla, pero el tacto baboso del casco le hizo retirar las manos. No podía apartar la mirada de sus compañeros, pero tampoco recordar sus nombres, encontrar un grito para la angustia que aprisionaba su pecho. Presa del horror, emprendió una loca huida hacia su propio camarote.

Salió de nuevo a la cubierta, y el viento huracanado le gritaba las palabras del marinero lisiado entre el resto de sus improperios. Hay cacerías que no se deben emprender. ¡Ja, el Holandés Errante!

-¡No!- aulló a la noche, y dando tumbos llegó hasta la puerta de su cabina.

Se arrojó al interior y cerró la puerta con violencia. El mar respondió a su desquite y, desequilibrado por un golpe de mar, cayó aparatosamente al suelo derribando los estantes que adornaban el muro. Entonces, la luna se asomó tras un lecho de nubes tempestuosas y le brindó un rayo de luz. La hebra argentea acarició un espejo naufragado, pero el capitán no quiso mirarse en su superficie.

Ya sabía que nunca se daría caza.

 



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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   Buen cuento de mar
07-08-2008 19:00
Pues como siempre me embobo con tus amientaciones, muy pero que muy buenas ;-) .Además la historia me ha parecido redonda, quizás un poco breve, pero ya se sabe lo bueno si breve dos veces bueno :-D

   ¿Autobiográfico?
05-08-2008 18:13
Ya conocemos el secreto de Akhul, el viejo patapalo...

Un gran relato, muy bien escrito, como es habitual A destacar la ambientación, algo normal en tí, y el estilo depurado y elegante.

Y muy logrado en cuanto al desarrollo, el ritmo in crescendo y la claridad expositiva, que es algo que siempre te preocupa y que aquí logras con facilidad.

En cuanto al final, un giro de tuerca. Lo más fácil era que el propio capitan se viera reflejado como un esqueleto más en el espejo, pero has querido jugar con la memoria y las maldiciones. Muy buena la idea (pienso en todo caso que no quedaría de más algo más de exposición sobre su busqueda al principio, algo que nos situe mejor en el contexto de persecución maldita del mito 'siempre trás él, siempre intuyendo su popa, siempre escuchando el sonido de sus velas, siempre escabullendose en el último instante. Siempre tras él. Condenados ambos.')

Cómo sueles decir... Bravo, demonios.

Tan corto como efectivo e interesante. Y si era de compromiso, un acierto imprevisto y, tal vez, semilla de un relato mayor ;-)

   Me gusta
10-06-2008 20:40
Este relato tiene ese final que te deja pensativo en una imagen que no fácilmente se borrará. La soledad del protagonista me causan un tremendo pavor. Además, se ha maquetado realmente bien: esa calavera no me gustaría verla yo en un barco dejado a su suerte.

Excelente cuento de aventuras terrorífico ( Y la cita de Séneca no podía estar más acertada)




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