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Schweinsgalopp / Galloping Pigs


Otros juegos, Juegos de Tablero

02-06-2008 16:35
Por: LucHamill

“En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos” (Los Tres Cerditos).


cartas, filler, carreras de cerdos
Schwein... Uf, el título de este juego tiene lo suyo, por lo que lo llamaremos Cerdos Galopantes, aunque también valdría, como lo etiqueto yo, el de los cerdos (no en tono despectivo). Bueno, ¿de qué va esto? Pues va de carreras de cerditos, que también tienen derecho. Además de sus cartas (muy pequeñitas pero de calidad), la cajita trae cinco figuritas porcinas de colores (rojo, azul, amarillo, blanco y el de pata negra) que son la delicia de las personas sensibleras, que no es mi caso.

Pero lo que aquí rompe lo típico en los juegos de carreras no son estos animalillos sino el hecho de que los jugadores no controlan a uno en concreto: controlan a cualquiera. Lo importante es hacer que el cerdito que movemos en cada turno se ponga el primero para poder ganar cartitas de comida (las hay de cinco alimentos, aunque es pura estética) que son las que dan puntos para ganar. ¿Voy un poco deprisa? Pues, como Jack el Destripador, vayamos por partes.

Lo primero es formar un circuito ovalado con las cartitas de terreno que trae el juego, que son veintidós. A continuación se coloca un cerdito sobre una cartita de terreno (que se gira para indicar que es la de salida) y después de él se van poniendo el resto de criaturitas del Señor en el orden que más rabia os dé pero siempre uno tras otro y sólo uno encima de cada cartita. Luego hay que acordarse de los jugadores y darle a cada cual siete cartas de carrera (en total hay treinta y cinco), que no son más que cartas con lechones dibujados y un color de fondo que hace referencia al cerdo que se ha de mover cuando se usa esa carta. Las cartas de carrera que sobren van a la caja, ya que no se usarán en esta ronda pero en las demás entran a barajarse con las que tenemos y, tras repartir, las que sobren otra vez fuera. Así ad nauseam (qué bien me expreso).

¿Quién empieza a jugar? Pues se decide al azar, aunque en las instrucciones dicen que lo haga “el más marrano”. En mi partida fui yo... pero porque el juego es alemán y en ellos suele empezar el más joven, que era yo. Dejémoslo ahí.

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En su turno un jugador utiliza una carta de carrera para hacer avanzar al animalito correspondiente hacia la primera cartita de terreno libre que haya y, si es necesario, lo hará “saltando” por encima de los cerditos que le precedan inmediatamente. Si tras ese movimiento nuestro pata negra se ha puesto el primero, entonces el jugador toma una cartita de comida (el juego trae cincuenta y cinco) del mazo de comida que debería estar boca arriba dentro del óvalo que recorren los cerditos. Yo siempre pongo arriba del todo una carta que muestre papas. Es decir, patatas. Son manías mías. En caso de que nuestro cerdito no pase a liderar la carrera, no ocurre nada, pero tampoco hay papas. Y continuamos para bingo: el turno pasa al jugador de la izquierda.

De esta forma todos los jugadores van moviendo cochinitos hasta que a todos les queda la séptima y última carta por jugar, que es la repanocha: si con ella se logra que el porcino que mueves se ponga primero, coges una comida y además te guardas TODAS las que hubieses conseguido en los turnos anteriores. Pero si no, eh... bueno, es decir, si con tu último movimiento el cerdito no se coloca primero, entonces todas las cartas de comida que tuvieras las pierdes y vuelven al mazo de cartitas de comida. Ea, ya está bien tanto comé...

Esto sólo sería una ronda/carrera. El total son tres. Pasadas esas tres, se cuentan los puntos (1 por cartita de comida, da igual el alimento) y gana el que tenga más, obviamente. Sencillo, ¿a que no? Pues sí, lo es, para qué engañarnos, pero la estrategia no es tan fácil de atisbar. Como en casi todos los juegos de cartas, depende el factor potra (¿verdad, Juan? Ji, ji), y quizás algún día os hable sobre La Potra, esa fuerza mística que controla nuestros destinos. Ese ente que es lo más poderoso del universo y que... eh... volviendo al artículo, además de la suerte en Cerdos Galopantes también importa la destreza que algunos poseemos para saber qué cerdito mover en cada turno.

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En resumen, que siempre me ando por las ramas, este filler (argot del mundillo para decir juego de relleno) está chido y uno se parte el diafragma viendo a los cerditos correteando igual que Hamilton y Massa, por poner dos pilotos de Fórmula 1 cualesquiera sin ninguna maldad, claro. El diseño de las cartas es sencillo, pero cumple, y las figuritas son inimitables. Y oye, que lo que importa es la mecánica del juego, obra de Heinz Meister, que se entiende en un par de minutos.

Ah, otra cosa: Cerdos Galopantes es baratito, y si aún no os pica el gusanillo, en las instrucciones se ofrecen dos variantes para darle más vidilla (aunque a mí me sobran): con una ponemos comida en la pista (nosotros nos entusiasmamos ensuciando el caminito con papas y maíz hasta que nos quedamos sin cartas de alimentos, qué desastre) y con la otra el objetivo es tener todos los comestibles (zanahoria, patata, lechuga, maíz y ¿cebolla?, ¿col?) en la mayor cantidad posible.

Pero, señores, es que además Cerdos Galopantes se puede transformar en... ¡Villacitruéñigo Piara Cup!, un juego con un sistema de apuestas creado por un fan basándose en el Royal Turf (las reglas andan por internet) que yo aún no he probado. He dicho aún.

Y eso es todo, espero que os haya sido de ayuda para ampliar vuestros conocimientos en charcutería. ¿Alguien me invita a jamón? Por cierto, mi horóscopo chino es el cerdo (en realidad bien traducido sería el cerdo salvaje, vamos, el jabalí). En concreto, con el elemento agua. Es decir, mi horóscopo chino es el cerdo de agua. Hay que ver, estos chinos...


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COMENTARIOS DE LOS POBLADORES
Tema: Autor: Fecha:
   wuau
30-07-2008 22:16
ese juego esta muy bueno




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