Perú, el país de donde vengo, suele ser conocido por montañas, nevados y piedras enormes de cuadratura perfecta. Tras esa fotografía de postal, existen ciudades como cualesquiera en este mundo: oscuras, podridas, con personajes vampíricos y solitarios, que llenan las noches con su luz tenebrosa. Chiclayo, entonces, es una ciudad como cualquiera. Una ciudad peruana en la que también anochece...